5/21/2013
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Semana de Higuchi Yuko
5/21/2013
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Semana de Higuchi Yuko
5/17/2013
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Semana de: Higuchi Yuko
3/17/2013
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Kenji Matsubara
Técnica: Lápices de colores
3/3/2013
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Chutttt
Acuarela de Olivier Bartoli
In Red - Tony Sandoval
2/12/2013
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Av. Abasolo - Xío Matías
Un interesante trabajo de esta pintora, al mostrar el piso de diferentes calles y avenidas, compilados en una colección muy buena.
Axident - Oliver Jeffers
2/8/2013
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Cielo color naranja
Era la tarde de un año, de un mes, de un día cualquiera. La verdad es que lo que sucedió no da cabida a esa información, pues recuerdo con detalles lo que sucedió, excepto cuestiones técnicas, como números y esas cosas. El cielo no estaba despejado, un danzón se escuchaba desde la inmensidad de las colinas, el humo gris salía desde una casa donde ya preparaban la cena, los árboles dejaron de vivir hace tiempo, aunque resaltaba uno que otro verde con la poca luz que quedaba.
El cerro era bajo, le decían “El cerrito de la cruz” porque, como ya lo imaginarán, en su punta tenía un montículo blanco con una cruz. Las casas ya habían alcanzado casi la cima, pero el terreno más inclinado se veía desierto todavía.
Yo estaba sentado en la orilla de la barda de mi patio, fumando uno que otro cigarrito y observando el cielo, los pájaros, los tabiques rojos. De pronto, en ese cerro, junto a la cruz, vi una sombra. Al momento dejé de verla y, por muchos minutos más, seguí observando con la esperanza de volver a verla. En efecto, ahí estaba de nuevo. Al parecer se dio cuenta de que la miraba. Para mi sorpresa, dio la vuelta y se quedó mirándome. No daba crédito a lo que veía. Quizá si tuviera un espejo podría haber visto mi cara de asombro, de miedo. El cuerpo me empezó a temblar y ya no sabía si era por aquella visión o por lo cansado que estaba de la jornada laboral.
La sombra, lo que vi, lo que me vio, era una mezcla de gato, orangután, pollo y metal. ¿Ahora entienden por qué me sobresalté tanto? Pero la cosa no acabó ahí, bien hubiera estado que se fuera y que yo lo recordara como una imaginación que yo mismo cree porque sí, por lo aburrido del día, porque se me dio la gana. Sin embargo, esta criatura bajó, resbaló y cayó entre dos piedras de las más grandes. Creí que estaba muerta. Se levantó nuevamente y continuó su camino hasta mí, con esos ojos anaranjados, sus bigotes, sus ganas de comerme. Quería correr pero mi miedo no me dejó ni mover un pelo. Pude reaccionar hasta que estaba a mi lado, junto a mí, sin quitarme de su vista. Moví la mano, no sé si lo hice como símbolo de paz o como defensa para que no me hiciese nada. La criatura me agarró del suéter, me jaló y ya no supe de mí. Cuando desperté ya era de mañana. A los pocos minutos de que abrí los ojos sonó mi despertador, a las 7 a.m. en punto. Bajé de la cama, me vestí, desayuné el cereal de siempre, metí las llaves a la bolsa del pantalón y salí de casa, rumbo al trabajo.
2/7/2013
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Apunta tus caderas, beibe,
sobre estas piernas mías,
déjalas caer suavemente
hasta que choques con mi piel fría.
Quítate la falda, beibe,
no te pongas roja ni tengas pena,
enséñame esos muslos bien formados
y siente cómo se exaltan mis venas.
Dame un beso despacito, beibe,
que ya toco tus pechos paraditos;
mientras acaricias lo que quieras,
maniobro para quedar desnuditos.
Como ya no estorba la ropa, beibe,
quiero tocarte toda enterita,
que grites cuando lama tus entrañas,
dime lo que quieres que repita.
Estamos solo con las estrellas, beibe,
la luna de repente se asoma,
sigamos en el asunto nuestro
que los nervios ya no traicionan.